C A C A
C A C A
El arte ha sido a lo largo de mi vida una constante. Mi introducción en el mundo de las formas, de las texturas, arranca de la primera infancia, al mismo tiempo que iniciaba el contacto con el mundo que me rodeaba, comenzaba también mi investigación, por aquello que formando parte de mi “yo”, se alienaba y se separaba de mi.
La consistencia, la forma, la calidez, el fenómeno de alienación producido por la expulsión de una parte de mi yo, convocaba una admiración y una tremenda atracción.
Aquello era mío. Aquello era yo, y mediante esta parte de mi mismo podía manifestar, como de hecho hice, mi afirmación, expresarme y proclamar mi yo interno, mediante algo que no solamente me pertenecía sino que además era una transformación de mi propio organismo.
Naturalmente, mis ansias artísticas, mi extensión de mi mismidad, no fue en absoluto comprendida por mi cuidadora, no se si se trataba de mama, no se si se trataba de la tata. Pero mis primeras manifestaciones artísticas, fueron borradas del mapa, por unos afanes de limpieza, comprensibles por cuantos la rodeaban pero que siempre me han perseguido a lo largo de mi vida.
Como definir años, y años, mi infancia, perseguido por los jabones y los afanes de limpieza de gentes fascinadas por hacer desaparecer mi arte.
Mis afanes ocultando el resultado de mis deposiciones en los lugares más inverosímiles, a fin de preservarlos de las garras de aquellos monstruos que en aras de la limpieza se deshacían de mis tesoros.
Los ocultaba en cualquier rincón de la casa, entre la ropa blanca, en la despensa, enterrado en las macetas de la galería, escondido entre mis juguetes... Lo cierto es que su inconfundible rastro delataba enseguida su presencia. Y pronto o tarde daban con ellos, pero en ocasiones tenía oportunidad de componer con ellos una de mis obras, ingenuas, pero no por ello carente de fuerza y expresividad.
Llego el momento en que plenamente pude afirmar mi personalidad. Lanzarme a extender, a manipular con mis propias manos mis excrementos.
En ocasiones, cuando la grandeza de mi obra requería cantidades ingentes de materia, intente almacenarla. Es una materia viva, que fácilmente evoluciona, se transforma, oscurece y cambia de textura, por lo que debí de tomar las medidas oportunas para su conservación, tanto previa a su utilización como posterior.
Era un reto más a mi arte, y durante largo tiempo traté de limitar mi arte a mis propios excrementos. Para ello, tuve que investigar sin pausa diversos sistemas de acumulación y conservación, sin mencionar tampoco la limitada provisión de la que disponía...
Debí de experimentar también con mi cuerpo, para obtener variedad y gradación en la materia.
Que diferencia entre las fluidas heces producidas después de una ligera descomposición.
La misma palabra lo dice “Descomposición” La fluidez, casi liquidez obtenida, daba a mis obras unas cualidades de acuarela, con gradaciones irisadas, que transmitían cuan etéreo puede ser una alma en trance.
Por el contrario, cuando deseaba obtener texturas más pastosas, casi sólidas, debía de medicarme, o bien alimentarme con arroz y retener por días las heces. Aquellos gránulos, con consistencia espesa, casi pétrea, y sobre todo la dificultad de su evacuación, llegando a mezclar sangre en las deposiciones, y obtener rojizas y tremendas consistencias, arrancadas de mi propias venas, de mis hemorroides inflamados.
Realmente el mío era un arte total. Se iniciaba con la alimentación, y según el trabajo que preparaba, me nutria de una u otra forma. Para obtener tonos verdosos debía hacer que mi alimentación fuera rica en vegetales y frutas como las ciruelas. En otras ocasiones, las semillas ingeridas junto a las frutas, y expulsadas prácticamente enteras, pero recubiertas y maceradas en la misma sustancia fecal, eran apreciadísimas componentes de las masas que perdían su informidad para transformarse en mis manos en mensaje provinente de mis intestinos y volcado escupido, cagado en la tela, en el lienzo.
Mi clasificación como epígono insigne del “Arte Povera”, no me satisfacía. Mis obras, eran riquísimas, su composición era fruto de una elaboración interna y externa, que con frecuencia, precisaba de largos periodos de reflexión, y que cuando llegaba el momento de vender uno de mis maravillosos cuadros, era una parte de mi mismo lo que se alejaba de mí.
Mi marchante, maravillado por el éxito de mi obra, llego a proponerme la utilización de materia prima, de “Mierda”, proveniente de diversas especies. La clara intencionalidad mercantil de tal propuesta me indigno. Pero no estaba carente de argumentos, y alguno de ellos, traspaso mi razón.
¡De acuerdo con que aquellos primeros cuadros eran una lucha exponencial de mi propia e interior autenticidad!
¿Pero quien era yo, para limitar mi arte?
Era necesario que una vez superado una etapa, me lanzara a la exploración de otras materias, que engendrará en mí un movimiento panteístico que me moviera a admitir la amplitud del universo, La existencia de otros seres. Era un camino hacia la alteridad, y no tarde en darle amplio cauce.
Inicie la investigación de nuevos materiales en mis paseos por los parques y las calles. De pronto me paraba maravillado ante la diversidad de estructuras y calidades de los zurullos que los abundantes canes del barrio, esparcían aquí y allá. ¡Maravilloso!
¡Que variedad, que riqueza! realmente lamente que durante años y años mi etnocentrismo me hubiera hecho ignorar las deposiciones caninas, tan variadas, tan apasionantes.
La exposición montada y apadrinada por una conocida marca de piensos para animales, resulto un éxito inmarcesible. Recorrió las más importantes galerías. Lo cual me llevó una vez más a verificar lo frágil de la materia, la dificultad de fijar una biológica y perecedera materia en la eclosión sin tiempo de una obra de arte.
Pero cualquier dificultad se tornaba en reto.
Y la necesidad de perennizar mis obras, me llevo a estudiar diversos sistemas de fijación. Bien es verdad que previamente, cuando inicie mis primeras exposiciones tuve dificultades para hacerme entender, para llegar al gran publico.
Pero cuando los elegidos emprenden un camino, señalan una tendencia, la vulgar masa acaba siguiéndoles, sea cual sea el abrupto sendero elegido. Y la originalidad de mi arte, estaba siendo aceptado por los “gurus” artísticos del momento.
Fue entonces cuando mi representante, mi marchante me solicito, me rogó, me imploró que introdujera otras materias, como variación en mis obras.
Ya sabéis, que más que una abdicación fue una transformación una clara evolución hacía más amplios horizontes, una carismática visión del nuevo cosmos, en el que aparte de MI, existían otros seres, y otras deposiciones.
Quizá en próximas exposiciones, siga explorando nuevas texturas, nuevas materias, cacas de diversos seres, que amplíen el espectro del autentico arte de vanguardia.



















salud-y-republica dijo
Bien, un poco de critica del arte y de los artistas no nos vendrá mal, por uno de mis habituales despistes no lo firme, pero no deis la culpa a nadie, la autoria, aunque pestilente no la niego. por tanto este comentario tambien es de Armiño negro
23 Julio 2007 | 09:13 PM