Una aportacion a los peroles de Madame Rosa
Ya se que todos oisteis hablar del allioli o de la mayonesa, no es lo mismo, pero pretendo contribuir, con un poco de humor a enviar una receta, de algo tan conocido como sabroso, sonreid un poco y probad a traducir estas letras en una salsa untuosa, olorosa...sabrosa, y catalana. Es una recomendación de Armiño negro en una calurosa tarde de verano.
Sistema tradicional
Es necesario ante todo sentir la necesidad de romper huevos, y encontrarlos. Blancos o morenos.
De gallina, naturalmente.
Desechemos por tanto una gran variedad de huevos posibles. (Con el consiguiente alivio de sus poseedores.)
Se sitúan sobre el mármol, blanco el blanco huevo.
El mármol liso, plano, frío. Utensilio y soporte. Los huevos ovoides, calcáreos, tibios, cerrados.
Y el mortero.
Si es alioli un mortero amarillo y verde de cerámica de La Bisbal, con su maza de madera. O también un almirez de madera tallada, con su maza de madera, de la misma madera... Los hermosos morteros de bronce, dejémoslos para las farmacias, o para los estantes de los coleccionistas, para moler en ellos los ácidos acetil-salicílicos, o los conjuros de los brujos medievales, o los alquimistas buscando transformar cualquier materia en oro. Nosotros en un mortero más sencillo, transformaremos en oro, oloroso ( y cuanto) para potenciar nuestras parrilladas...
La maza del almirez... cálida. Fálica. Aprehensible.
¡Contundente!
Y los ajos. Olorosos. Envuelto cada uno de sus dientes en individual velo satinado.
Se despojan de sus envolturas y se llega a la blanca carne, olorosa carne. Se depositan con cuidado en el cuenco del mortero, se les acompaña de generosa sal, y aprovechando un descuido, se les aplasta en el almirez.
Más, y más y más. Cuando ya sean una pulpa blanquecina se añade la yema de los huevos.
¿Y las claras?
A las claras se las deja en libertad, para que se den un paseo por las Ramblas o acudan en peregrinación a las clarisas de Pedralbes, para mendigar un poco de sol para las novias ruborosas…
Las amarillas y untuosas yemas se alían con la pulpa blanquecina y se derrama sobre ellas, para que “liguen” mejor un chorrito de aceite, que va vertiéndose dorado y suave, de la alcuza en alto, sostenida con la mano izquierda mientras la derecha, rítmicamente mueve la mano del almirez, con el mismo garbo y donosura e igual aplicación que pudiera mover... otro utensilio.
Finalmente, si no te interrumpen, si sigues con ritmo igual y suficiente aceite, la amalgama densa y olorosa llenara el mortero con su presencia y el olfato con su esencia.
Aquí lo tienes preparado para acompañar cualquier racial condumio, como unas chuletas a la brasa, o derramarse sobre un bacalao a la “llauna”, o perfumar intensamente unas simples tostadas...





















Fernando dijo
Muy sabrosa....
Pasa buena tarde
16 Agosto 2007 | 07:44 PM