La tarde se acababa. Sobre la mesa los vasos recogían los restos del carajillo y los cafés, y las huellas de unas bocas femeninas.
Los restos del café tejían extraños encajes en las paredes de los vasos, y en el silencio mágico que se hizo alrededor de la mesa, Lola clavó su mirada en los restos y se enfrascó en la geometría ilusoria dibujada sobre el cristal, intentando leer sobre ella su futuro.
La seca espuma del café ondulaba hacia el borde del vaso, los escasos restos del poso se incrustaban en el fondo del mismo. Los ojos fijos sobre el cristal, la mente concentrada en un solo punto. En aquella tarde en Ankara, en aquel café turco espeso y dulce, en aquellas huellas dibujadas sobre la taza, recogidas con cariño y unción y la voz dulce y extraña de Melitsa. Era otra extraña reunión de mujeres. unas mujeres pertenecientes a culturas diferentes, pero unidas circunstancialmente alrededor de unas tazas en un atardecer dorado y largo.
El perfume de los jardines del museo, el sol, dorado que prolongaba las sombras del crepúsculo, los minutos de silencio tras una tarde prodiga en charlas y en palabras comunes.
Melitsa alzó los ojos de las tazas y clavó su mirada negra e inquisitiva, en los ojos de Dolores. Sus palabras adquirieron una trascendencia inusual .
-Vuelve pronto a tu mundo. Vive rápido. Goza cuanto puedas. Los días alegres son los únicos que merecen ser recordados. Deja las huellas negras detrás para que no se proyecten sobre tu futuro. Que sea esplendoroso, si no puede ser largo.
No quiso añadir nada más. Pero causo en Lolita una impresión que no se desvaneció , ni en aquel día ni en días sucesivos.
Cuando el avión remonto el cuelo y dejo atrás Turquía las palabras de aquella mujer alegre y vital, seguían resonando en sus oídos..."Los días alegres son los únicos que merecen ser recordados...." Aquellos días en Ankara, en Capadocia, fueron días bellos, llenos de contrastes y color. Los días que siguieron a su regreso parecían marcados por la adversidad. Aparentemente todo era igual que cuando salió de Barcelona. Pero existía aquella imperceptible sensación de haber franqueado un umbral desconocido. Sus ojos miraban las cosas de otra manera. Su vida ya no podía regirse por la monotonía y el conformismo.
Había pasado más de un año de todo aquello. ahora en una tarde larga y dorada como aquella, rodeada por sus amigas de siempre, miraba el fondo de las tazas vacías deseando hablar con ellas sobre aquella tarde de Ankara, pero no sabía como empezar, no sabía como decirles que los posos de una taza de café, podían ser el espejo en que alguien había visto algo, y que ese algo se proyectaba en su vida como una sombra.
Miro en derredor, Toya se retocaba su corto y rubio cabello, mientras su blusa se hinchaba en un hondo suspiro. Por debajo de la mesa, Ana intentaba calzarse de nuevo los zapatos de tacón, de los que se desprendía a la más mínima. Eran aquellos gestos habituales y mecánicos los que marcaban el fin de la reunión. Quizás fuera mejor dejarlo. Total.. ¿Que podía decir? ¿Que había de concreto en todas aquellas palabras que marcaron un surco en su vida? Con un gesto decidido abrió el bolso para sacar la cartera, pero en lugar de eso extrajo un pañuelo y a hurtadillas se le llevo a los ojos, para enjugar la humedad que se formaba en ellos. Toya puso su mano sobre la suya.
-Lola, ya esta bien. Sea lo que sea, no lo guardes para ti. No somos unas extrañas...
Ana unió su voz a la de Toya
-Caray, Lola, ya dirás que es lo que te pasa, por que cada día te veo más distante, y si no tienes confianza en nosotros, no se... Creo que necesitas confiar en alguien. Claro, como tu eres tan cerrada, mira chica, tienes que decidirte, o tus amigas o un profesional, o las dos cosas. Esta forma tuya de reaccionar últimamente no es lógica ni normal..
Era lo que necesitaba. Un gesto, un signo. Sentir en torno suyo aquella fraternidad femenina ante la que podía abrir su corazón, explicar sus aprensiones, su temor...
-Toya, no es nada, es que... mirando los posos del café, quisiera ver mas allá. Lo que Melitsa vio aquella tarde...
-Melitsa, Melitsa, de que me suena ese nombre...
-Fue hace una año, aquella excursión que hice a Turquía con los del Club, ¿No os acordáis? Melitsa era la guía del grupo, se presento al llegar a Estambul y nos acompaño a lo largo de todo el viaje, Era una mujer de una personalidad muy fuerte. Había pasado parte de su infancia en Argentina, y hablaba un castellano, con giros porteños, Conocía Anatolia, Capadocia, Estambul...Como guía era una persona muy competente, pero además tenía un algo especial. Si profesionalmente era irreprochable, también tenia una manera de distanciarse de nosotros, que de pronto se rompió una tarde en Iksehir, después de visitar una de aquellas extrañas ciudades subterráneas. A mi me impresionaron profundamente. Me sentí en aquellos lugares como si no fuera la primera vez que los visitara... El aire, puro y perfumado de aquel valle contrastaba con la sensación de claustrofobia y misticismo de aquellos corredores, de aquellas salas bajo tierra......
Fue desgranado lentamente su historia, ante los oídos atentos e interesados de sus amigas. No era un relato de viajes, no era la clásica conversación que sigue a las vacaciones de verano... Había algo diferente en aquel relato. Las mejillas encendidas de Lola, su voz ardiente y rasposa, los ojos brillantes... Por fin empezó a relatar aquel viaje, que siendo aparentemente una de tantas vacaciones había cambiado su vida...
A.N.
servido por salud-y-republica
14 comentarios
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salud-y-republica dijo
Despues de nuestro homenaje a Ernesto Guevara, y con el a tantos heroes de nuestro tiempo, heroes con nombres inscritos en la historia, como el Che, como Allende, como Victor Jara, y como tantos otros anonimos cuyo nombre es recordado tan solo por aquellos que los conocieron y compartieron con ellos parte de su vida, y la soledad tremenda tras su desaparición, de eso saben tanto en todos los países y lugares de la tierra.
Heroes que mueren con las armas en la mano, heroes sepultados bajo las aguas heladas del mar de Barents, como la tripulación del submarino sovietico sacrificada en honor al falso patriotismo de unos dirigentes sin conciencia.
Heroes que mueren en las minas, como los sepultados a kilometros bajo tierra en Sudafrica cuando tan solo intentaban ganar el sustento para si y los suyos, heroes que salen a la mar a buscar lo que les nego la tierra, y heroes que se suben a un andamio y se juegan la vida por cuatro monedas que escatiman sus patronos en equipos de seguridad.
Heroes que se ofrecen a la ciencia para buscar y encontrar nuevos medicamentos con los que sanar a los enfermos.
Si, el mundo esta lleno de heroes, como los que nos cruzamos cada día en nuestras calles, sin que lleven escrito en el rostro nada especial, y todos ellos, merecen un homenaje y un recuerdo.
Perdonad, pero trataba tan solo de introducir un nuevo post, completamente ajenos a los anteriores, pero la fuerza del tema me hizo dispararme.
Mis escusas.
Tan solo presentaros un relato inconcluso, con la promesa de continuarlo si os interesa.
Es otra vuelta de tuerca, despues de la epica, que ya confese que me va, y de que manera, un toque de costumbrismo.
10 Octubre 2007 | 08:29 PM