La ardilla inquieta
La Ardilla Inquieta.
A falta de relatos de genios, elfos y trolls podemos encontrar en las fábulas, viejos y clásicos relatos, sobre los que establecer variantes a la luz de las nuevas realidades.
Aquí tenéis la parábola de la ardilla y el caballo.
Mirando estaba una ardilla
A un generoso alazán,
que, dócil a espuela y rienda,
se adiestraba en galopar.
Viéndole hacer movimientos
tan veloces y a compás,
de aquesta suerte le dijo
con muy poca cortedad:
«Señor mío;
de ese brío,
ligereza
y destreza
no me espanto,
que otro tanto
suelo hacer, y acaso más.
Yo soy viva,
soy activa;
me meneo,
me paseo;
yo trabajo,
subo y bajo,
no me estoy quieta jamás.»
El paso detiene entonces
el buen potro, y muy formal,
en los términos siguientes
respuesta a la ardilla da:
«Tantas idas
y venidas;
tantas vueltas,
y revueltas,
quiero, amiga,
que me diga:
¿Son de alguna utilidad?
Yo me afano,
mas no en vano:
sé mi oficio;
y en servicio
de mi dueño
tengo empeño
de lucir mi habilidad.»
Con que algunos escritores
ardillas también serán,
si en obras frívolas gastan
todo el calor natural.
Algunos emplean en obras frívolas tanto afán
como otros en las importantes.
Tanto esfuerzo quiero amiga que me diga,
es de alguna utilidad.
Curiosa la fábula y el fabulista, el caballo obedecía las órdenes del jinete y su actividad era directamente provechosa para su amo, no para él mismo, mientras la ardilla de la fábula, a quien la reprochaban si tantas idas y venidas eran de alguna utilidad, estaba buscándose el sustento y acumulando para el invierno, estaba también logrando una redistribución de las semillas y de las especies en el bosque.
Lo que por caminos naturales contribuye a la conservación de la naturaleza, del habitat de la ardilla y a asegurar su sustento y el de su especie.
Con lo que la moraleja del fabulista, a la luz de una nueva interpretación es completamente falsa, la actividad provechosa no era la del sumiso alazán, que tan solo aprovechaba a “su amo” y no precisamente en tareas productivas, sino de lucimiento, mientras que la ardilla, que a los ojos del escritor mostraba una vana actividad era realmente la que podía ufanarse de ella.
A.N.





















Fernando dijo
jajajaja
Tiene gracia de verdad.
Un abrazo¡¡
30 Noviembre 2007 | 10:08 AM