Se fueron los reyes...y se acerca el camello cojo.
Efectivamente, la noche del 5 al 6 de enero se celebran los Reyes Magos, grandes cabalgatas y recibimientos. En todas las casas los niños insomnes cierran sus ojos, aprietan los párpados, para hacerse los dormidos, o dormirse, y facilitar así la llegada de sus majestades.
En el Evangelio de ese día se nos recuerda el peregrinar de los Magos detrás de la estrella, cómo ésta desapareció, y se acercaron al palacio de Herodes a preguntar "por el Mesías que había nacido" y el jerarca hipócrita, cruel y temeroso de perder su trono, les pide que vayan a Belen, pues según las Escrituras es donde debe nacer el Mesías.
Luego la estrella vuelve a aparecer y les guía hasta el lugar en donde Maria tiene al niño entre sus brazos, alli le entregan sus dones, y felices de haber visto a Jesús regresan a su país "por otro camino" pues un sueño les advirtió de la doblez de Herodes.
Claro al volver por otro camino no reencontraron al viejo camello cojo que se había quedado retrasado.
Un camello que partió junto a la comitiva real, cargado de presentes, más modestos pero necesarios, lienzos, y otras piezas para el ajuar.
Cerca de Jerusalén dió un mal paso y se torció una pata, por lo que retrasaba sensiblemente la marcha de todos. Entonces Baltasar decidió dejar al camello cojo, sabiendo que éste seguiría el camino de sus compañeros, y podrian recuperarle después.
Pero volvieron por otro camino...
Pasito a paso, el camello cojo llegó a Belén y encontró a la Sagrada Familia enfrascada en una tarea urgente. Recoger todo y desaparecer, pues la orden de acabar con el niño había sido dada.
Todo era guardar unas cosas y otras, en cestos, en hatillos, y calcular que con el burrito que tenían, con el que habían llegado no podían llevarse tanta cosa como les habian traido los habitantes de Belén, los pastores y los Reyes de Oriente.
Que llevarse? ¿Que dejar?
Fue entonces cuando el camello cojo se acercó a ellos, el niño le acogió con una sonrisa, y jugando, jugando, le tocó la pata lesionada, que inmeditamente recobró su agilidad primera.
María vió gozosa que el camello traia todas aquellas cosas que le dijo Melchor que habían debido de dejar atrás.
Y juzgó que estos regalos, que llegaban tarde, a lomos de aquel camello cojo, eran lo mejor y más necesario para ellos en aquel momento, e incluso el mismo camello, que ya no se separaba de ellos, era una ayuda maravillosa para el viaje a Egipto.
Asi pues, Jesús, José y María, el borriquillo y el camello que ya no era cojo, dejaron atrás Belén y se dirigieron a Tierras de Egipto, lugar de refugio ancestral para los judios.
En honor de este camello cojo, algunas personas, entre las que me encuentro, celebramos la llegada tardía del camello cojo, para acercarnos a las tiendas, que en estos días lucen sus reclamos de "REBAJAS", y empleamos los dones de éste buscando entre las ofertas de Enero las maravillas que él cargaba en sus alforjas...
Un ama de casa que se precie debe saber administrar debidamente las ofertas que nos muestran los comercios y reservar algo de los dones de la Navidad para estas fechas.
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Armiño negro




















fenicia dijo
¡que bonito!gracias por este relato.
kisses
Mari Carmen
7 Enero 2008 | 11:16 AM