Las gaviotas
Saps, la tarda clara i lluminosa s’extén arreu i el temps sedos i suau sembla clavat amb agulles a l’esfera daurada, i les gavines tornen i tornen cridan amb vols concentrics.
Solsament elles semblen lliures i les mirem amb enveixa i angoixa.
La enveixa dels que som clavats a la rutina, a la tasca a totes les petites coses que comporten la nostra cotidaneitat...
I elles tornen i tornen amb vols concentrics...
I l’angoixa em clava a terra mentras els meus ulls s’enlairan amb les gavines cap al cel clar de la tarda. I de les arrels podrides puja la savia amarganta de la terra i els brots que la primavera imposa esclaten obrin uns llavis que cercan l’aire ingravit...
I elles tornen i tornen amb vols concentrics i crits enfurismats
Saps, aquella tarda llarga i clara esten una ombra plena de gavines cridaneres i d’arbres amb branques nuas puntejades de brots iniciatics.
De solitud i d’angoixa.*..
Ella desgranaba su melancolía con los ojos clavados en los míos y sus palabras musitadas como una oración imprecisa, se alzaban en ocasiones con vigor, para después desvanecerse en un murmullo casi inaudible. El reproche que su actitud toda translucía se concentraba en sus manos, ora crispadas, ora laxas y desmayadas, que fijaban mi atención.
Lo cierto es que sus palabras eran solo una música monocorde, de las que muy de cuando en cuando captaba su significado, o bien su sonido me recordaba otros sonidos que volvían desde la infancia, de mi lejana niñez cuando aquella lengua me era más cercana. Pero ahora yo era solamente una presencia para llenar un vacío.
Ella no esperaba de mí más que una comprensión pasiva, por sus mejillas hundidas y maquilladas se abrió paso un hilo de lágrimas. Un suspiro se escapó de sus labios, posó la taza de porcelana sobre la bandeja y se reclinó en el respaldo, y cerrando los ojos, aquellos ojos patéticamente hondos, inició con voz dulce aquella canción:
“Oh gavina volandera
tu que voles sobre el mar
prop la bella onada..”**
Sus flacos brazos cubiertos por las flotantes mangas rodeaban su torso auto abrazándose, y meciéndose en la silla. Con los ojos entrecerrados seguía entonando la canción como una prolongación del relato anterior.
En mi experiencia como psicóloga lacaniana aquella cliente traspasó los límites habituales. Mi desconocimiento del catalán me impedía entender al ciento por ciento, qué digo, al diez por ciento, sus palabras. Pero la evidencia era su estado depresivo melancólico. Los síntomas regresivos a una niñez añorada, a una angustia residual y poética, estaban claros. Tenía que dejar que ella misma surgiera nueva y renacida de entre las aguas simbólicas que emergían en su relato, y de las que surgían de sus ojos.
-.Despres va arribar la nit i ell.***
Cesó el vaivén de su cuerpo, sus brazos cayeron fláccidos y abrió los ojos, unos ojos que miraban al vacío, luego parpadeó y giró sus ojos hacia el ventanal, luego me contempló como si surgiera de un mundo lejano, y me viera por primera vez.
Aproveché el intervalo, para rescatarla de sus recuerdos y concluir la sesión.
- Señora Molins, la terapia es provechosa, muy provechosa, es importante que vaya exteriorizando toda la situación emocional. La enfermera le señalará la próxima visita, pero ante todo no interrumpa su medicación. Y ánimo querida, estamos muy cerca. Sabe que todo tiene que ser conjurado y exteriorizado si queremos avanzar, si queremos llegar a alcanzar la verdad.
Transcripción del texto en catalán.
Sabes, la tarde clara y luminosa se extiende alrededor y el tiempo sedoso y suave parece clavado con agujas a la esfera dorada, y las gaviotas vuelven y vuelven lanzando sus gritos en sus vuelos concéntricos.
Solamente ellas parecen libres y las miramos con envidia y angustia
La envidia de los que estamos clavados en la rutina, en las tareas, en las pequeñas cosas que son y componen nuestra cotidianeidad.
Y ellas vuelven y vuelven con sus vuelos concéntricos.
La angustia nos clava en el suelo, mientras mis ojos se alzan con las gaviotas hacia el cielo claro de la tarde. Y de las raíces podridas sube la savia amarga de la tierra y los brotes que la primavera impone estallan abriendo unos labios que buscan el aire ingrávido.
Y ellas vuelven y vuelven con sus vuelos concéntricos y sus gritos coléricos.
Sabes, aquella tarde larga y clara extiende su sombra llena de gaviotas enfurecidas y de árboles con sus ramas desnudas punteadas de brotes iniciativos.
De soledad y de angustia.
.
**Oh gavina voladora
tu que vuelas sobre el mar
Junto a la bella ola**
Después llegó la noche, y él…
Reflexiones
Es de verdad necesario hablar el mismo idioma para entenderse, para que se pueda profundizar en el alma del interlocutor.
Aquella psiquiatra argentina comprendía o no a su paciente, pero no cabe duda alguna de su ayuda y de su ansia de ayudar.
¿O no ?
A.N.



















Armiño negro dijo
Ademas con cancion de Marina Rosell
31 Marzo 2008 | 09:33 PM