Elogio de la vida simple
Vivir en la ciudad o en el campo?
El dilema nos lo planteaba y se lo planteaba Kilifa en uno de sus últimos posts. Fiel a mi ¿defecto? de no poder renunciar ni a una opción ni a la otra pues mi respuesta integró ambos conceptos: el aire puro, la tranquilidad y la naturaleza de primera mano en el campo con las comodidades de la ciudad: energía, agua potable, teléfono o acceso a celular, televisión e internet inalámbrico. Y quedé recontenta con el híbrido...Sobre todo, convencida de mi elección.
Ayer, domingo, tuve una respuesta contundente: recordé que para mí no hay encanto mayor que la vida simple.
Estuvimos en la finca de uno de mis hermanos (el que estuvo secuestrado por las Farc) celebrándole su cumpleaños.
Dicho sin pretenciones, podría vivir en un sitio rural más moderno, con más comodidades y algunos lujos de los cuales ahora voluntariamente carece, por fortuna para su espiritu y para el de nosotros, su familia.
Su casa tiene más o menos 200 años de antigüedad, está fabricada en adobe (mezcla de barro y paja) y ha soportado mal algunos retoques de rehabilitación que se le han hecho respetando su arquitectura original. Su mobiliario es escaso y completamente funcional.
Mi hermano nos cuenta que en varios ocasiones, a altas horas de la noche, lo ha despertado un fuerte olor a tabaco sin que haya nadie más con él. Tenemos la teoría de que son los fantasmas de los primeros habitantes de la casa (indígenas o esclavos negros) que han venido a asomarse al mundo de los vivos y a espiar a los nuevos ocupantes de su antigua morada terrenal. Constatan que todo está bien y en orden, se fuman un tabaquito a la salud de los vivos y regresan al mundo de las sombras.
Mi hermano es el feliz propietario de naranjos dulces, mandarinos, limoneros, matas de banano y plátano y algo así como 200 árboles de cuatro variedades diferentes de aguacate, que vende a la gente de afuera y regala generosamente a sus familiares.
Como es agrónomo y amante de la tierra, ha organizado un huerto gigante y siembra hierbas aromáticas, cebolla redonda y de tallo, habichuelas, tomates, lechuga, calabazas, melones, sandías, yuca y maíz.
Muy cerca y dentro de su propiedad, pasa un río angosto y nada caudaloso. Pues allí, en sus riberas, mi hermano y mi cuñada montaron un "cambuche" para la ocasión. Por cierto, idéntico a los que arma la guerrilla en la selva o en el monte, como campamentos de paso y en uno de los cuales él vivió los primeros días de su cautiverio a merced de la incertidumbre y del sol y del agua.
Nos dimos el lujo de bromear con la posibilidad de que los helicópteros militares sobrevolaran la región (ésta es una zona guerrillera más o menos controlada) y descendieran inmediatamente a inspeccionar el sitio.
Mi cuñada nos preparó un "atollao" (ya luego les explico de qué se trata) para las 40 personas allí congregadas (solamente hermanos/as, cuñados/as, sobrinos/as) y pasamos uno de los días en familia de más grata recordación.
Entendí entonces la decisión de mi hermano de irse a vivir solo en su finca dejando en el bullicio de la ciudad a su mujer y a sus tres hijos que no quisieron secundarlo en su aventura rural.
Entendí tambien que la vida buena y placentera puede ser posible sin televisor, teléfono, computador e internet. Solamente con el amor y la compañía de los seres que amamos y nos aman.
Ayer volvía recordar que ...yo quiero ser amish...
El cambuche, con apenas un tercio de los invitados (solamente familia)
Atizando el fogón de leña

Primer plano del "atollao"

La esposa del capataz de la finca, colaborando con la pelada y lavada de las papas

Madame Rosa, hidratándose

La casa (de los espiritus?)




Matas de guadua, de maiz y de plátano, detalle de paisaje tropical

Madame Rosa












lovemoon dijo
Si quedate allí, por Dios, esta precioso, quedate allí, luego alguien va ir a visitarte, tal vez, si tienes buenas intenciones. Bye
9 Julio 2008 | 08:24 PM