En el mostrador de recepción una competente administrativa atendió la solicitud y casí inmediatamente llegó un joven moreno, atractivo, agradable y...argentino.
Fue oirle decir dos palabras y fijar su procedencia. Por poco. Dije Buenos Aires, pero era de Rosario.
Son diferencias, que sobre todo ellos conocen mejor.
Me atendió con amabilidad y simpatía, lo cierto es que una mujer (de una cierta edad) (a las que pasan los 50 lo de una cierta edad queda muy bien, no se me da reconocerme como anciana, ni tercera edad, ni aún en el calamitoso y transitorio estado en que me encuentro) doblada por el dolor de ciática debe despertar el instinto protector de cualquier caballero bien nacido, máxime si se dedica profesionalmente a ello.
Una conversación superficial sobre su país, un comentario sobre Serrat, y "El sur también existe" y un recuerdo a Mafalda mirando el globo terráqueo, cabeza abajo.
Luego vinieron esas pruebas de la resonancia, dos a cambio de una.
Es decir, que pasé por el tubo.
Dos veces.
Es como una discoteca, a todo volumen pero sin moverte.
Si te concentras y tratas de proyectar tu mente fuera de aquel lugar, se lleva mejor. Es lo que hice.
Bien, aqui teneís un relato de mis andanzas en la Teknon, clínica de postín donde mi aseguradora me envia a por las pruebas de radiodiagnóstico.
De regreso a casa la ciudad se veía extraña, después de diez días de reclusión.
La vida sigue.
A.N.



















yeidylayei dijo
si señorina de edad dorada..jaja..LA VIDA SIGUE, y mas de medio mundo ignora que es una disco sin musica......por eso si tus ojos aun ven esa cuidad extraña...entonces gracias, por que de nuevo veo un amanecer, y un hombre color miel...por que no estoy en peores condiciones,y no se por que la ciudad vuelva a ser la imagen que llevabas en tu mente
y no alncansaste a tomarle una foto el boludo..jijiji...
12 Febrero 2009 | 04:04 PM