Erase una vez en la blogosfera...
Entre la abundante información que suelo encontrar en la red he caído en páginas dedicadas al abandono en cualquiera de sus formas: sitios convertidos en cementerios de carros (autos) solamente porque sus propietarios fueron dejando tirados ahí sus vehículos sin orden ni concierto; ciudades enteras (especialmente mineras) abandonadas por sus habitantes y convertidas en lugares fantasmas, pueblos de los cuales solo quedan casas medio derruidas y tristes torres de iglesia con campanarios que vigilan las ruinas; edificios (hospitales, mansiones, castillos) librados a su suerte, al tiempo y a sus inclemencias por no se sabe qué inquietantes (o económicas) razones.
En la blogosfera hay también bitácoras abandonadas temporal y permanentemente, hay ausencias anunciadas y otras que se producen sin previo aviso y sin explicaciones, lo cual genera un halo de misterio. Se de dos blogs cuyos anfitriones murieron pero de “verdad-verdad” y hago la aclaración porque otro episodio me pareció pura mascarada. Solamente “me pareció”, no tengo pruebas reinas. De manera que dejémoslo así, de ese tamaño.
Seguramente habrá más blogueros disfrutando de otros paraísos eternos y nosotros sin saberlo solamente porque nadie nos lo ha informado aunque sus casas sigan abiertas.
Hay blogs que se dan el lujo de anunciar el fin de la primera temporada y el esperado regreso de la segunda, la tercera y hasta la cuarta, cual exitosa serie de TV norteamericana pero uno de verdad se alegra de que el anfitrión regrese triunfalmente a su casa para seguir deleitándonos con su poesía, con su prosa y con sus historias variopintas.
Esta bitácora abre 24 horas durante los 365 días del año y todo gracias a mi coequipera, Armiño Negro, que supo sostener el ritmo de “Salud y República” mientras yo sobrevivía y me reponía (me he repuesto?) a un trasteo de casa que me dejó en estado preagónico porque algunos sabios consejos de Julia llegaron a destiempo, justo cuando “todo estaba consumado” ; a unas vacaciones campestres de Semana Santa un poquito forzadas por mi familia al verme desmadejada y muerta de sueño y cansancio todo el día víctima de una astenia mental y física que no quiere remitir…mejor dicho: que no quiero que remita (tiene sus ventajas, se los aseguro).
Pero como la sabiduría popular sentencia que “no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista” pues por acá vuelvo como aquel marido que sale a comprar pan o cigarrillos a la tienda de la esquina y vuelve 20 años después… y encima sin la compra.
Fue por la acuciosa Armiño, repito, que nuestra casa no se llenó de polvo, moho y telarañas.
Gracias de nuevo, amiga, por mantener abierta esta casa mientras yo ponía en orden la mía.
Gracias a nuestros visitantes que han seguido asomándose por puertas y ventanas y que han venido al patio a sentarse en sillas de enea bajo el emparrado a compartir alguna colación propia de la Pascua en estos días de Semana Santa y que han dejado una flor como testimonio de su paso.
Gracias, igualmente, a nuestros visitantes silenciosos, a los fantasmitas de nuestra bitácora, de cuya visita y presencia estamos más que seguras gracias al contador soplón que los reseña y los delata.
Quiero darles una bienvenida especial a las personas que han convertido en una especie de foro informal nuestro post sobre la Santa Muerte y espero que sigan enriqueciéndonos con información personal y de primera mano sobre todo lo relativo a la devoción a la Niña Blanca.
Los dejo entre pestiños (pero los de comer), torrejas y buñuelos, jícaras de chocolate, vasos de garnacha y palomitas de anís, todo ello cortesía de la casa.
Por demás, yo también obedezco al llamado de la primavera.
Compañera Armiño, amigas y amigos: ¡PRESENTE!
Madame Rosa

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Malena dijo
Buen regreso!!
17 Abril 2009 | 08:57 PM