Sin noticias y sin esperanzas. Vidas que compartieron fatalidad
Ha vuelto a ocurrir una nueva y lamentable tragedia aérea sobre la cual hasta el momento se tienen muchas dudas e incertidumbres y ninguna certeza sobre las causas de la misma y el sitio exacto del siniestro.
Una búsqueda que se realiza a ciegas. Un misterio aún sin resolver. Una maraña de hipótesis. Una catástrofe aérea de la cual no se tienen todavía detalles precisos y un avión perdido en alta mar, que no se encuentra aún.
Viajeros que nunca llegaron a su destino, historias de vida rotas por la fatalidad.
Compartieron desdichada suerte pasajeros de 32 nacionalidades: un bebé, siete menores, 82 mujeres y 126 hombres cada uno con su historia de vida particular. Cada uno con una razón personal para estar en el fatídico vuelo 447 de Air France
Los hubo que regresaban a su pais europeo de residencia después de haber culminado en tierras brasileras su viaje de luna de miel; los que tenían escala en París antes de tomar otros vuelos a destinos diferentes a Francia; los que iban por primera vez al Viejo Continente con su equipaje lleno de ilusiones a cumplir con su sueño de viajeros o también en viaje de novios como la parejita, Bianca y Carlos Eduardo, que se habían casado justo el día anterior; la estudiante de música que acababa de participar en un concurso musical en tierras brasileñas y regresaba a su lejana Turquía; empresarios y altos ejecutivos en viaje de negocios; alguien que regresaba a su lugar de residencia en Francia luego de haber festejado sus 35 años con su familia carioca y su esposa francesa; la pareja española que al finalizar su viaje de novios se despidió tomando cada uno un avión diferente con la promesa de encontrarse días después en Dubai, su lugar de residencia, para continuar viviendo su historia de amor; dos o tres politicos italianos; un ciudadano alemán que volvía a su país a recoger documentos para casarse; un bebé de pocos meses; niños en edad escolar y hasta un joven príncipe brasilero de la Casa de Orléans y Braganza, descendiente directo de don Pedro II.
Los hubo también con suerte aunque, en su momento, seguro que ellos mismos no lo pensaron así: dos pasajeros que no embarcaron porque sus pasaportes estaban vencidos. Lo que no había caducado para ellos era su permiso de estadía en este planeta.
La tragedia se hace más íntima y dolorosa cuando se personalizan las victimas, cuando uno se entera de sus edades, de sus ocupaciones, de las razones para haber estado en ese fatídico vuelo.
Estos accidentes, por lo aparatosos, por la cantidad de victimas, me sacuden. Pero lo que más nerviosa me tiene es que, ingenua de mí, siempre creí que mi línea aérea favorita: Air France, nunca se accidentaba y ahora, entre el aluvión de noticias, me he enterado de que la compañía tiene en su historial varios accidentes... la información me llega justo a pocos meses de que mi hija menor utilice uno de estos aviones para irse a estudiar también a Lyon, como su hermana.
Imagino la angustia, la incertidumbre, el dolor de quienes despidieron a los viajeros sin pensar siquiera que sería una despedida definitiva y de quienes se quedaron en el aeropuerto o en casa esperando inútilmente su llegada con abrazos de bienvenida...

Madame Rosa













lasrecetasdeteresa dijo
Es una pena que sucedan estas cosas, yo tengo mucho mido a bolar y últimamente más. Besitos.
2 Junio 2009 | 09:17 PM