Casida de la noche larga
Los lienzos frescos y tensos
son ya arrugados rastros
de la perdida batalla
El compás inaudible del reloj
se prolonga en vano intento
de medir un tiempo dislocado.
De la calle suben los rumores
de una vida suspendida
entre el ocaso y el amanecer
Las piedras rezuman silencio
el asfalto devora feroz
las ruedas de vehículos solitarios
que horadan la noche
buscando en vano una sombra
entre las sombras.
Un quejido de gomas se aleja
y el silencio vuelve
con el eco de vacíos nuevos.
Mientras la noche se devora
a si misma, como un amante
enardecido y voraz.
A.N.
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salud-y-republica dijo
Una noche de verano, en que los ruidos de la calle suben a la alcoba y ahuyentan el sueño.
9 Julio 2009 | 07:21 PM