Pongame unas aceitunas...
Es lo que pedi en el mercado.
Las aceitunas eran tentadoras, llegaba hasta mi su olor inconfundible, que tantas veces me hace salivar y sentirlas en el paladar cuando estan al alcance de mis ojos y de mi olfato.
Aún no se porqué mientras ella me despachaba se inicio un dialogo sobre saludes y enfermedades, si, lo recuerdo, fue por una persona que cruzo por allí en una silla de ruedas, la conversación giro rapidamente acerca de enfermos y situaciones de dependencia.
-Si lo sabré yo, que durante meses tuve que atender a mi padre, hasta que no fue nada más que piel y huesos doloridos. Solo el verle sufrir me hacía padecer, nos hacía padecer a todos. Al final compre una vela. Una vela blanca. La encendi pidiendo que dejara de sufrir. Antes de que se acabara la vela, se murio. Dulcemente.
El silencio se hizo entre nosotras, tomé el paquete con las aceitunas y pagué en silencio.
Ni siquiera le pregunté donde había comprado la vela.
















salud-y-republica dijo
Bien, la vela ha quedado un poco descentrada, pero como es tan grande el buen señor tendrá un poco más de vida...
9 Noviembre 2009 | 09:24 AM