Llegó Abril.
Cuando el invierno ha sido frío y prolongado, cuando en los últimos días de Marzo, en que debería olerse la primavera cayó sobre nosotros una monumental nevada que heló los brotes de los almendros, quebró las ramas de los pinos e incluso arrancó árboles de cuajo bajo el peso de la nieve y el impulso de los vientos, dejando sumidas ciudades y aldeas en la oscuridad, pues trató igual a las torres del tendido eléctrico que a los pinos y los alamos, si cuando creiamos que la primavera llegaba llegaron las nieves.
Por eso hoy, que amaneció un auténtico día de Abril, soleado, claro, radiante, toda la naturaleza lo celebró.
Los campos cuajados de flores, desde los manzanos con sus primorosas flores blancas luciendo contra el azul de cielo, a los campos teñidos de amarillo por la soja de los sembrados y los pastizales esmaltados por las flores del diente de león y las zarzas que no dejan de mostrar los primeros brotes de lo que serán sus bayas.
Y allá, a lo lejos, las cimas de la sierra del Cadí y el Canigó, los Pirineos todos mostrando sus cimas de un blanco azulado recordándonos que allí aún reina la nieve que días atrás cubría todo la llanura.
Si, allí sigue aún la nieve saludando desde lejos a la llanura ya verdeante.
Las playas mostraban su azul profundo, mientras en la arena algún valiente se atrevia a mostrar su cuerpo a un sol que solo no tan fuerte como hubiera deseado.
Pero llegó Abril.
Por fin llegó Abril y el día de hoy es promesa de muchos más que en el futuro nos deleitarán con su tibieza, con unos días cada vez más largos y con unos campos que se vestirán de flores, como está vestido de flores, iniciáticas, pero por eso más hermosas, el pequeño jardin frente al mar.
A.N.






















padron-duenas dijo
Que bonito como describes... es como si lo pudiera ver.
Un abrazo
11 Abril 2010 | 02:30 AM