Operación Sodoma. "El que a hierro mata...
...a hierro muere".
No me detendré en la noticia, que ya debe haber dado la vuelta al mundo, así que asumo que estamos hablando con conocimiento de causa. Y de hechos.
Solamente diré que no me alegra la muerte del Mono Jojoy como resultado de las 50 bombas lanzadas por el Ejército Nacional Colombiano sobre su guarida.
Y no me alegra solo porque la muerte es el menos duro de los castigos dada la larga trayectoria criminal de este delincuente considerado como uno de los rebeldes más despiadados, radicales, sanguinarios y violentos del ala militar de las FARC.
A este monstruo de maldad yo lo hubiera preferido vivo, en una cárcel norteamericana (para garantizar su reclusión sin riesgo de ser rescatado por sus compinches), con pesadas cadenas en los tobillos y en el cuello, encerrado en una húmeda prisión a unos cuantos mts bajo tierra, condenado a una vida larga e infeliz.
Lo suficientemente larga como para que sufriera, día a día y en carne propia, algo de lo mucho que hizo padecer a tantos y tantos secuestrados en la selva colombiana.
Para que experimentara aunque fuera solo un poquito del inmenso dolor que le causó a tantos y tantos colombianos a quienes él despiadadamente condenó a la orfandad, a la viudez, a una vida marcada por la injusta ausencia de un ser querido.
En la pantalla de mi televisor y en un video de archivo aparece el ahora difunto - el difunto más odiado de Colombia - diciendo con toda la desfachatez de que era capaz: " soy un colombiano como todos" (claro, partiendo del supuesto de que todos los colombianos somos terroristas y narcoguerrilleros) y " mi interés es la paz de Colombia" (gracias por lo que a usted le corresponde en el proceso pacificador de este país, alias Mono Jojoy).
No fueron suficientes los 1000 hombres que constituian su guardia personal en tierra y que hacian parte de sus tres anillos de seguridad para proteger su integridad fisica, parece que bastante deteriorada por una diabetes mal cuidada.
De lado de las Fuerzas Públicas Nacionales se reportan algunos militares heridos y la muerte de Sasha, una perrita antiexplosivos. Descansa en paz, Sasha, en el paraiso de los perros buenos en donde no tienen cabida ciertos perros malos.
En cuanto a este monstruo sanguinario, deseo sinceramente que las almas de todos aquellos a quienes él directa o indirectamente les arrebató el derecho a la vida hayan venido en amoroso cortejo a esperarlo para escoltarlo hacia la Luz.
El perdón para sus crimenes solo es posible en el Cielo. A los vivos, en este pais, no creo que nos alcance la misericordia para tanto.
Madame Rosa



















fenicia dijo
Muy de acuerdo con lo que expresas en este post.
Esos asesinos crueles deberian pagar cádenas perpetuas y no precisamente en cárceles confortables.
Un abrazo
24 Septiembre 2010 | 12:19 PM