El poder de una firma
Pertenezco a una generación que vivió una dictadura, que convivió con ella, y que aprendió que se debía guardar silencio. Aprendimos mejor o peor a utilizar los pocos resquicios que dejaban y paulatinamente la sociedad cambiaba e incluso la propia dictadura evolucionaba.
Surgían una serie de iniciativas, lideradas por intelectuales, gentes de izquierda que denunciaban los atropellos, unas veces en charlas conferencias, artículos periodísticos, llegamos a ser maestros en "leer entre líneas" es decir atribuir a los articulistas nuestras ideas en una delirante interpretación de sus escritos. Delirante en algunas ocasiones, en otras aún nos quedábamos cortos.
Tras una detención, una destitución de una cátedra, una asonada universitaria surgían las declaraciones efectuadas reclamando más libertad, e inmediatamente "los abajo firmantes" habituales pasaban a recoger las firmas con las que se adherían unos y otros.
Era un arma, blanda si queréis, pero un arma, y algunos pagaron destituciones y cárcel por ello.
Pasó el tiempo, y ahora en nuestro país existe una democracia, con sus imperfecciones y fallos.
Pero a nuestro alrededor siguen produciéndose abusos, aún cuando gracias a la globalización tenemos noticias de los abusos que se cometen en el planeta.
Desde una sociedad en la que las mujeres, al menos legalmente, estamos en plano de igualdad con los hombres, causa indignación la marginación y persecución que se produce en tantos lugares, desde la sistemática negación a la mujer musulmana de la igualdad legal y social a los ataques a su integridad física.
Contra esta situación vuelven a circular pliegos de firmas, recogidos ahora por Internet y utilizadas para salvar o intentar salvar vidas. A los que firmamos algunos de esos manifiestos en ocasiones, pocas, nos llega la satisfacción de haber contribuido a remediar una injusticia, que se aplace una lapidación o que se revise una sentencia dictada por la Sharia.
Pero no es éso solamente. En tantos países en guerra, guerras algunas tribales, en el que el único signo de adelanto son las armas utilizadas, pero la utilización de sofisticados fusiles, ametralladoras o lanza granadas se completan con el sistema de agresión más viejo existente. LA VIOLACION.
Me parece denigrante que los hombres utilicen una parte de su anatomía para agredir a las mujeres, de tal forma que aquello que debe ser fuente de amor y placer, lo convierten en arma de odio y vergüenza.
Pero sigue adelante la ceguera de una sociedad, y mientras avanzamos en la comprensión de la diferencia con relación a las tendencias sexuales, en otros lugares se refocilan atacando y violando en pro de la defensa de unos valores inexistentes.
Ahora llega la noticia y el pliego de firmas correspondientes para denunciar la practica aberrante de "violar a una mujer lesbiana para 'curarla' de su homosexualidad, lo que constituye una trágica crisis en Sudáfrica "
Que las autoridades de un país que tras años de sufrir el crimen de la segregación racial parece encaminarse hacia el respeto entre blancos y negros, caiga en la barbaridad de consentir tamaño disparate, es desalentador.
Poco importa, (¿o si?) que la agredida, violada, sea negra. Me temo que a una lesbiana blanca del mismo país no se hubieran atrevido los vigilantes de la moral.
Pero ya se sabe. Si eres mujer, negra y pobre, eres carne de violación.
¿Una firma? Adelante con las firmas, adelante con hacer pública esa nefasta actuación, hasta que las autoridades de ese país y otros países defiendan de verdad a la mujer de los ataques de los violentos.
Armiño negro






















lasrecetasdeteresa dijo
Muy bien tu denuncia, ya esta bien de estas agresiones a las mujeres sean del color que sean. Besitos
27 Enero 2011 | 08:31 PM