"La Madre de todas las ciudades"
Conozco de memoria y al dedillo todos o mejor dicho, casi todos los rincones de Praga, la ciudad dorada, la de las cien torres.
He caminado mil veces durante varias semanas, día y noche, por las callejuelas empedradas de la Ciudad Vieja; he atravesado en verano y en invierno el puente de Carlos, el más famoso y el más bello de los 17 que hay en Praga y desde allí he contemplado el paso de las aguas caudalosas del Moldava que atraviesa la ciudad dividiéndola de sur a norte y el Castillo de Praga iluminado en las noches.
He recorrido con el corazón encogido de dolor el antiguo guetto de Josefov (el mayor de Europa Central ) donde es imposible no recordar los progroms, he visitado la Vieja y Nueva Sinagoga (única en el mundo donde se canta dos veces el Salmo 92 y en cuyo ático dicen que está guardado el ataúd con los restos del Golem de Praga) y el antiguo cementerio judío cuyas 12.000 lápidas se yerguen inclinadas unas sobre otras en montonera.
Desde la Torre del Ayuntamiento ( luego de admirar su reloj astronómico del Siglo XV) he contemplado esa maravilla arquitectónica que son los hermosísimos tejados de la capital checa.
Sentada en el café Slavia, apurando una bebida caliente y viendo pasar los transeúntes he imaginado, solamente imaginado, entre sorbo y sorbo, un otoño en Praga...podría mi mente concebir espectáculo natural más hermoso y sensorialmente conmovedor?
He derramado mil lágrimas, ahogada por el aturdimiento que tal belleza ha causado en mis sentidos, tal como le sucediera a Stendhal ante la visión de la Basílica de Santa Cruz, en Florencia.
Se me han ido las horas nocturnas contemplando artesanías navideñas, adornos propios de la época decembrina, guirnaldas y otras decoraciones para el arbolito de Navidad y los pesebres, artículos de regalo elaborados en Cristal de Bohemia, campanas doradas, ángeles de cerámica y juguetes tallados en madera.
No, no he ido a Praga...No todavía en esta encarnación. Pero últimamente me he pasado muchas horas de mi vida buscando en la red restaurantes donde aliviar el hambre y bares donde apagar la sed y las ganas de beber un vaso de buena cerveza checa; hotelitos familiares limpios, céntricos, bonitos y baratos y todas las posibles maneras económicas de llegar a la ciudad y moverse por ella con tranquilidad.
Es un viaje que al final de cuentas no sabemos si ellas lo hagan o no porque estas muchachitas cambian de opinión como de calzones.
(La leyenda cuenta que el Golem de Praga era una escultura sin vida hecha en barro, a quien el agua, el fuego, el aire y la tierra le prestaban fuerza y vitalidad para convertirse en protector del guetto ante los ataques antisemitas pero que luego se tornó en un ser incontrolable y destructivo, razón por la cual su creador, el Rabino Judah Low ben Bezalel, vióse en la necesidad de destruirlo)

































Benjamín Rivera dijo
Hola, muy interesante esta historia, saludos...
22 Noviembre 2011 | 05:21 AM